Correr es uno de los deportes más practicados y beneficiosos para la salud. Sin embargo, cuando el entrenamiento no está bien planificado o el cuerpo no tiene el tiempo suficiente para recuperarse, pueden aparecer las lesiones por sobreuso.

Estas lesiones son el resultado de la repetición constante de un gesto sin el descanso o la preparación adecuados, y son responsables de la mayoría de los dolores que sufren los corredores. Aprender a reconocer sus señales y actuar a tiempo es clave para mantener la constancia sin comprometer la salud.

¿Qué son las lesiones por sobreuso?

Las lesiones por sobreuso se producen cuando los tejidos músculos, tendones o articulaciones reciben más carga de la que pueden tolerar durante un periodo prolongado. No aparecen de un día para otro, sino de forma progresiva.

Entre las más frecuentes en corredores encontramos:

  • Fascitis plantar: dolor en la planta del pie, especialmente al levantarse por la mañana.
  • Tendinopatía rotuliana: molestias en la parte frontal de la rodilla.
  • Síndrome de la cintilla iliotibial: dolor lateral en la rodilla que aumenta al correr.
  • Periostitis tibial: dolor en la espinilla debido a impacto repetido.
  • Tendinopatía aquílea: rigidez o dolor en el tendón de Aquiles.

Todas ellas tienen un elemento común: un desequilibrio entre carga y recuperación.

Señales que no debes ignorar

Escuchar al cuerpo es fundamental. Algunos síntomas tempranos pueden ayudarte a detectar una lesión antes de que se agrave:

  • Dolor que aparece siempre en el mismo punto tras correr.
  • Rigidez o molestias al iniciar el movimiento.
  • Sensación de calor o inflamación localizada.
  • Reducción del rendimiento o fatiga muscular persistente.

Ignorar estas señales y continuar entrenando puede convertir una molestia leve en una lesión que requiera semanas de recuperación.

Cómo evitar las lesiones por sobreuso

La prevención es el mejor tratamiento. Implementar pequeños cambios en tus rutinas puede marcar la diferencia:

  1. Planifica la carga de entrenamiento: alterna días intensos con días suaves o de descanso activo.
  2. Calienta y estira adecuadamente: prepara los músculos y tendones para el esfuerzo.
  3. Trabaja la fuerza y la estabilidad: un cuerpo fuerte soporta mejor los impactos de la carrera.
  4. Cuida la técnica y la pisada: un análisis biomecánico puede detectar descompensaciones.
  5. No ignores el descanso: la regeneración muscular ocurre mientras descansas, no mientras entrenas.

Además, el uso de un calzado adecuado a tu tipo de pisada y el terreno donde corres es esencial para reducir la carga sobre las articulaciones.

Rehabilitación y prevención de recaídas

Si ya has sufrido una lesión por sobreuso, es importante no volver demasiado pronto al entrenamiento. En esta fase, la fisioterapia deportiva juega un papel clave:

  • Tratamiento manual y descarga muscular para reducir dolor e inflamación.
  • Ejercicio terapéutico progresivo para recuperar fuerza, movilidad y control.
  • Educación en gestión de la carga para evitar repetir errores de entrenamiento.
  • Análisis biomecánico de la carrera para corregir patrones que favorecen las recaídas.

La vuelta a la actividad debe ser gradual y guiada por un profesional, priorizando la calidad del movimiento sobre la cantidad de kilómetros.

Correr sin dolor es posible

Correr debería ser sinónimo de bienestar, no de sufrimiento. Escuchar tu cuerpo, cuidar la técnica y confiar en profesionales especializados te ayudará a disfrutar del running de forma segura y sostenible.

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